domingo, 30 de marzo de 2008

ORIGEN DEL FEUDALISMO


LA CAIDA DEL IMPERIO ROMANO


La Decadencia del Imperio Romano, también conocida como la Caída del Imperio Romano, es un término histórico que describe el colapso del Imperio Romano de Occidente.
Durante este periodo se produjeron grandes crisis como la del
siglo III en la que hubo una gran inflación y devaluación de la moneda y periodos donde se intentó restablecer el orden como el Dominado. Hubo cambios políticos muy importantes como la división del Imperio y la instauración de la tetrarquía, pero el hecho más relevante en este periodo de inestabilidad fue que los bárbaros (pueblos germánicos) fueron paulatinamente infiltrándose a través de los limes del Imperio. El imperio finalmente desapareció como entidad política el 4 de septiembre del 476, cuando Rómulo Augusto, el emperador del Imperio Romano de Occidente, fue depuesto por Odoacro. Roma ya había sido saqueada y no quedaba prácticamente nada del orden romano original. Se pone el año 476 como fecha que marca definitivamente la Caída del Imperio, porque en esa fecha ya ni siquiera hay alguien que dice ser el emperador de Occidente.
Muchos historiadores cuestionan esta fecha, haciendo notar que el
Imperio Romano de Oriente ha continuado hasta la caída de Constantinopla el 29 de mayo del 1453.
Tras los siglos dorados del Imperio Romano (periodo denominado
Pax romana, siglos III), comenzó un deterioro en las instituciones del Imperio, particularmente la del propio emperador. Fue así como tras las malas administraciones de la Dinastía de los Severos, en particular la de Heliogábalo, y tras la muerte del último de ellos, Alejandro Severo, el Imperio cayó en un estado de ingobernabilidad que se le denomina Anarquía del siglo III. Entre 238–285 pasaron 19 emperadores, que fueron incapaces de tomar las riendas del gobierno y actuar de forma coordinada con el Senado, por lo que terminaron por dejar a Roma en una verdadera crisis institucional. Durante este mismo periodo comenzó la llamada «invasión pacífica», en la que varias tribus bárbaras se situaron, en un principio, en los limes del imperio debido a la falta de disciplina por parte del ejército, además de la ingobernabilidad emanada del poder central, incapaz de actuar en contra de esta situación.
Por otro lado, las guerras civiles arruinaron al Imperio, el desorden interno no solo acabó con la industria y el comercio, sino que también debilitó a tal punto las defensas de las fronteras imperiales que, privadas de la vigilancia de antaño, se convirtieron en puertas francas por donde penetraron impunemente las tribus bárbaras. Las más audaces fueron los pueblos germánicos,
francos y godos, que arremetieron contra el imperio, atravesando la frontera de los ríos Rin y Danubio.


INVASIONES BARBARAS


Entre los años 235 y 285 Roma estuvo sumida en un periodo de anarquía y guerras civiles. Esto debilitó las fronteras, y los germanos, en busca de nuevas tierras, se desplazaron hasta la frontera norte del imperio. Los emperadores de la época permitieron el ingreso de los germanos bajo dos condiciones: debían actuar como colonos y trabajar las tierras, además de ejercer como vigilantes de frontera. Sin embargo, esta pacificidad se acabó cuando Atila, el rey de los hunos, comenzó a hostigar a los germanos, que habían invadido el Imperio. Luego de la retirada de los hunos, las tribus bárbaras se establecieron en el interior del imperio: los francos y burgundios tomaron la Galia; los suevos, vándalos y visigodos se asentaron en Hispania; los hérulos tomaron la Península Itálica tras derrotar y destituir al último emperador romano, Rómulo Augústulo. Posteriormente, los hérulos se enfrentarían a los ostrogodos, saliendo estos últimos victoriosos, y tomando el control de toda la Península Itálica. Cabe destacar que si bien los germanos no eran muy desarrollados culturalmente, asimilaron muchas de las costumbres romanas, formando así la cultura europea que originó la actual cultura jamonica.

Causas del derrumbamiento del Imperio Romano [editar]
Luego de los siglos dorados del Imperio Romano (periodo denominado
Paz romana, siglos I al II), comenzó un deterioro en las instituciones del Imperio, particularmente la del propio Emperador. Fue así como tras las malas administraciones de la Dinastía de los Severos, en particular la de Heliogábalo, y tras la muerte del último de ellos, Alejandro Severo, el Imperio cayó en un estado de ingobernabilidad al cual se le denomina Anarquía del siglo III.
Entre 238-285 pasaron 19 emperadores, los cuales incapaces de tomar las riendas del gobierno y actuar de forma concorde con el Senado, terminaron por situar a Roma en una verdadera crisis institucional. Durante este mismo período comenzó la llamada invasión pacífica, en la cual varias tribus bárbaras se situaron, en un principio, en los
limes del Imperio debido a la falta de disciplina por parte del ejército, además de la ingobernabilidad producida en el poder central, incapaz de actuar en contra de esta situación.
Por otro lado, las guerras civiles arruinaron al Imperio, el desorden interno no sólo acabó con la industria y el comercio, sino que debilitó a tal punto las defensas de las fronteras imperiales, que privadas de la vigilancia de antaño, se convirtieron en puertas francas por donde penetraron las tribus bárbaras.
Tras una breve "estabilización" del Imperio, en manos de algunos emperadores fuertes como
Diocleciano, Constantino I el Grande y Teodosio I, el Imperio se dividió definitivamente a la muerte de este último, dejándole a Flavio Honorio el sector de Occidente, con capital en Roma, y a Arcadio el sector Oriental, con capital en Constantinopla.


EXPANCION DEL CRISTIANISMO


En la raíz de la expansión del cristianismo se encuentra claramente algunos de sus elementos constitutivos esenciales. Ante todo, la universalidad { o Catolicidad}, basada en la abolición de las barreras sociales, étnicas, raciales; y, como consecuencia de esto, la demanda de fraternidad, que contenía un potencial de solidaridad dispuesto a realizarse en cualquier situación difícil o precaria.Pero, la característica que resulta ciertamente la más importante del cristianismo es el hecho de que se considera depositario de una Respuesta Global y Definitiva a la espera de la salvación de todos los hombres. El valor y la autoridad de esta respuesta, para los cristianos, viene de Dios, el único Dios, el que se ha hecho presente entre los hombres a través de Cristo y de la Iglesia que de Cristo ha nacido. Y es el mandato de Cristo, no otra cosa o proyecto, lo que determina el dinamismo de la misión: " Id y haced discípulos a todas las gentes " { Mt. 28, 29 }. Es la fuerza del Espíritu la que lo hace posible.Esto no quita que el contexto del Imperio Romano, en el que se realizó principalmente el gran fenómeno de la difusión del cristianismo, presenta muchos aspectos que lo facilitaron. Señalamos en particular los siguientes: la rapidez de las comunicaciones, el intenso tráfico comercial, la extraordinaria red de rutas que Roma había realizado hacia y en todos los territorios de su inmenso Imperio, que permitía llagar a todas partes por tierra, mar, ríos.Precisamente todo esto resultó un medio sumamente eficaz para la difusión del cristianismo. Además, el mensaje cristiano-entendido como anuncio, como comunicación de la palabra y de vida-determinó naturalmente la elección de los mayores centros habitados como ámbitos y base de irradiación posterior. {VII }.Sin lugar a dudas, las características de cristianismo y del Imperio Romano, anteriormente mencionadas, favorecieron y estimularon la expansión en y la difusión del Cristianismo en el mundo antiguo, durante sus primeros siglos de vida.Pese de haber sufrido secesiones o cismas en el trascurso de sus veinte siglos de historia , el Cristianismo conserva aún su vigor y vitalidad y figura entre las corrientes espirituales de mayor gravitación en el Mundo Contemporáneo.





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