lunes, 31 de marzo de 2008

ABSOLUTISMO FRANCES

LUIS XV

En 1814, tras la derrota de Napoleón, Luis XVIII pudo finalmente asegurarse el trono francés gracias al apoyo de las potencias aliadas y, ya dentro de Francia, gracias a la ayuda del antiguo ministro de exteriores de Napoleón, Charles Maurice de Talleyrand. Luis fue obligado por Talleyrand y las élites de Napoleón a conceder una constitución escrita que garantizara una legislatura bicameral: la Carta de 1814. Esta Carta creaba una cámara en parte hereditaria y en parte nominativa Cámara de los Pares y una electa Cámara de los Diputados, esta última con poderes muy limitados. El régimen de Luis permitió también una mayor libertad de expresión que el régimen napoleónico que le había precedido.
Los esfuerzos de Luis, casi todos simbólicos, para revertir los resultados de la
Revolución Francesa le hicieron rápidamente impopular. En sólo un año tuvo que huir de nuevo desde París hasta Gante ante las noticias de que Napoleón había regresado de Elba, aunque volvió tras la batalla de Waterloo, que terminó con el gobierno de los Cien Días de Napoleón. En esta Segunda Restauración se pusieron en marcha las atrocidades conocidas posteriormente como el Terror Blanco, principalmente en el sur, cuando los partidarios de la monarquía asesinaron a cuantos habían apoyado el retorno de Napoleón. Aunque el rey y sus ministros se opusieron a la violencia, no fueron efectivos en tomar medidas para detenerla.
Los primeros ministros del rey Luis fueron en un principio moderados, incluyendo a
Talleyrand, el Duque de Richelieu y Élie Decazes, y el mismo Luis XVIII se guió por la cautela y por la política moderada, esperando que esta moderación asegurara la continuidad de la dinastía. El parlamento elegido en 1815, dominado por los ultramonárquicos, fue disuelto por Richelieu al ser imposible trabajar con él, y un manipuleo electoral permitió una Cámara más liberal en 1816. Sin embargo, los liberales se demostraron igualmente inmanejables, por lo que en 1820, Decazes y el Rey trataron de revisar las leyes electorales de nuevo para asegurarse una mayoría conservadora, aunque el asesinato del Duque de Berry, el hijo ultrarreaccionario del igualmente ultrarreaccionario hermano de Luis (y presumible heredero) Conde de Artois en febrero de 1820, provocó la caída de Decazes y el triunfo de los ultras. Tras un intervalo en el que Richelieu volvió al poder entre 1820 y 1821, se formó un nuevo gobierno ultra encabezado por el Conde de Villèle que sin embargo se mostró luego tan cauteloso como su Rey y, en tanto Luis XVIII vivió, las políticas reaccionarias fueron mantenidas bajo mínimos.
Luis XVIII murió el
16 de septiembre de 1824, y fue enterrado Basílica de Saint-Denis el día 20 de ese mismo mes. Su hermano, el Conde de Artois, le sucedió como Carlos X. Fue la única sucesión de poder normal en la jefatura del estado de Francia en todo el siglo XIX.
Carlos X, Luis Felipe y Napoleón III fueron derrocados por revoluciones, mientras la Segunda República terminó con un autogolpe de estado. Ningún presidente de la Tercera República pudo llevar a término su mandato hasta que Émile Loubet fuera sucedido por Armand Fallières en 1906.

LUIS XIV

El nacimiento de Luis, en Saint-Germain-en-Laye el año 1638, fue recibido como un don divino por sus padres: Luis XIII y Ana de Austria, los cuales no habían conseguido descendencia en veintitrés años; por ello fue bautizado como "Louis-Dieudonné" (Dieudonné significa "dado por Dios"); también se le otorgaron los títulos de premier fils de France ("Primer Hijo de Francia") además del más tradicional de Delfín de Viennois. Luis XIV provenía de un ambiente multicultural ya que sus abuelos paternos, Enrique IV de Francia y María de Médicis, eran navarro e italiana respectivamente y sus abuelos maternos, Felipe III de España y Margarita de Austria, eran Habsburgos, él español y ella austriaca.
Luis XIII y Ana tuvieron a su segundo hijo, Felipe d'Anjou que posteriormente sería Felipe I, Duque de Orleans en el año 1640.
Luis XIII no se fiaba de la habilidad de su esposa para gobernar Francia tras su muerte, por lo que decretó que un consejo regente gobernase en nombre de su hijo durante su minoría de edad, para reducir así el poder de la Reina Madre durante la regencia. No obstante, tras la muerte de Luis XIII y tras la ascensión al trono, con cinco años, de Luis XIV el
14 de mayo de 1643, Ana anuló el testamento de Luis XIII en el Parlamento, rompió con el consejo y quedó como única regente. Durante su regencia, confió el poder a su primer ministro, el italiano Cardenal Mazarino, al que la mayoría de los círculos políticos franceses despreciaban por su origen no francés.
Al finalizar la
Guerra de los Treinta Años, en el año 1648, comenzó una guerra civil francesa conocida como la Fronda. Mazarino continuó con las políticas de centralización emprendidas por su predecesor, Richelieu, aumentando así el poder real a expensas de la nobleza. En 1648, intentó imponer un impuesto a los miembros del Parlamento, el cual estaba constituido, principalmente, por miembros de la nobleza y altos cargos eclesiásticos. Los miembros del Parlamento no sólo rechazaron el impuesto, sino que también ordenaron la quema de todos los edictos financieros de Mazarino. En una ocasión en que el cardenal ordenó arrestar a algunos miembros del Parlamento, París estalló en insurrección. Un grupo de parisinos molestos irrumpió en el palacio real demandando ver al rey. Tras ser conducidos a la alcoba real, se quedaron mirando a Luis XIV, el cual se estaba haciendo el dormido, y se marcharon tranquilamente. Debido al peligro que corría la familia real y la monarquía, Ana huyó de París con el rey y sus cortesanos. Poco tiempo después, la firma de la Paz de Westfalia permitió al ejército francés volver a ayudar a Luis XIV y su corte real. Ya en enero de 1649 comenzó el asedio de la rebelde París. La subsecuente Paz de Rueil acabó con el conflicto, por lo menos temporalmente.
La segunda Fronda comenzó cuando la primera Fronda (Fronde Parlementaire) finalizó, en 1650. Nobles de todo rango, desde princesas de Sangre Real y primos del rey, como
Gastón, duque de Orleans, su hija, Ana María Luisa de Orleans y Montpensier, Luis II de Borbón-Condé y Armando de Borbón-Conti, a nobles de largo linaje como François VI, Duque de La Rochefoucauld, Frédéric Maurice de La Tour d'Auvergne, su hermano, Turenne y Marie de Rohan-Montbazon, incluso nobles de descendencia real legítima como Enrique II de Orleans y Francisco de Vendôme, participaron en la rebelión contra el poder real. Incluso el clero tenía representación en la rebelión en la persona de Jean-François Paul de Gondi. Como resultado a estos días tumultuosos, en los que se dice que la Reina Madre tuvo que vender sus joyas para alimentar a sus hijos, Luis XIV desarrolló una gran desconfianza hacia la nobleza.

LUIS XV

Luis XV nació en el Palacio de Versalles el 15 de febrero de 1710, mientras su bisabuelo, Luis XIV, todavía se encontraba en el trono. Era el hijo de Luis, duque de Borgoña y María Adelaida de Saboya. María Adelaida era una mujer muy vivaz y el rey Luis XIV sentía un especial afecto por ella. La joven pareja, profundamente enamorada (algo inusual en la corte real de Versalles), había rejuvenecido la corte del anciano rey y se convirtió en el centro de atención de Versalles. Luis XV tenía un hermano, Luis duque de Bretaña, que era tres años mayor. El duque de Borgoña era el hijo mayor de Luis, el Gran Delfín, que era el hijo único de Luis XIV. El duque de Borgoña tenía dos hermanos más jóvenes: Felipe, duque de Anjou, pronto sería confirmado como Felipe V de España, y Carlos de Borbón duque de Berry. Así, en 1710, a Luis XIV no le faltaban descendientes varones: un hijo, tres nietos y dos bisnietos de su nieto mayor.
Sin embargo, sucesos dramáticos alteraron la composición de la familia real. En
1700, el duque de Anjou se convirtió en rey de España bajo el nombre de Felipe V, heredando la corona de su abuela, esposa de Luis XIV y princesa de España. En la Guerra de Sucesión Española que siguió, Felipe V tuvo que renunciar a todos sus derechos al trono francés. Inglaterra estaba poco dispuesta a una posible unión de España y Francia bajo un único rey en un futuro. La renuncia de Felipe V no era un gran problema para Luis XIV, ya que tenía muchos otros descendientes varones. En abril de 1711, el delfín de Francia murió repentinamente, y el duque de Borgoña pasó a ser el heredero al trono. Un año más tarde, la enérgica María Adelaida de Saboya contrajo la viruela, falleciendo el 12 de febrero de 1712 para consternación del rey Luis XIV. El duque de Borgoña, desconsolado por la muerte de su esposa, murió una semana después por la misma causa. Sus hijos habían contraído también la enfermedad: el mayor, duque de Bretaña, fue sangrado repetidas veces por los doctores; acabó muriendo el 8 de marzo de 1712. Su hermano pequeño, Luis XV, fue salvado por su institutriz, Madame de Ventadour, que prohibió rotundamente sangrar al infante y cuidó de él personalmente durante su enfermedad. Finalmente en 1714, el duque de Berry, tercer hijo del delfín de Francia, fallecía.
De esta manera, Luis XIV había perdido cuatro descendientes varones en solo tres años, y el destino de la dinastía recaía en la supervivencia de un niño de cuatro años. Si no sobreviviese, la corona pasaría a
Felipe de Orleans, el sobrino de Luis XIV, y el primo del anterior delfín de Francia. Sin embargo, parecía bastante probable que Felipe V de España hubiera denunciado el tratado por el que renunció a la corona de Francia, y que una gran guerra en Europa, así como una guerra civil en Francia, hubiera estallado con seguridad. Al joven descendiente se le inculcó la gran responsabilidad que recaía en su persona, y su vida fue cuidadosamente vigilada. Más aún al quedar huérfano, sin hermanos vivos ni tíos (excepto Felipe V que se encontraba en Madrid, y al que no conocería nunca), y sin primos (de nuevo, excepto aquellos en Madrid). En este contexto familiar se forjó buena parte

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